miércoles, 1 de septiembre de 2010

Cornelio: ¿Capitalismo, Socialismo o Socialdemocracia?

Lejos de comenzar un debate serio sobre un modelo de desarrollo productivo con bases propias en Nicaragua, pululan por todos lados propuestas de nostalgia, sea hacer ahora lo que no se hizo hace décadas atrás, sea imitar a lo que en otros países se comenzó a hacer décadas atrás.

Hay ancianos, queriendo repetir las experiencias de su juventud, como cuando el boom del algodón creó una incipiente industrialización, ahora colapsada por el fracaso ecológico-económico del cultivo del algodón. Otros se remontan en tiempos coloniales aún más lejos, cuando documentado Nicaragua proporcionaba granos básicos y ganado a toda Centroamérica. Tampoco presentan mucha novedad propuestas de competir contra el mundo por los salarios más bajos en la maquila, donde los países asiáticos fácilmente nos ganan cualquier competencia.

De hecho la combinación de los dos últimos predomina, puesto que salvo maquila, exportamos hoy los mismos productos como se hacía a finales del siglo XIX. Como alternativa, más de cerca en el tiempo, algunos proponen superar a la carrera a Costa Rica, cuya industria de servicios y productos tecnológicos es resultado -me consta- de un procesos sistemático iniciado a finales de los años 80, proceso de lo cual Nicaragua se desvinculó -de nuevo me consta- a inicios de los años 90, cuando en ciertos aspectos ambos países estaban muy cerca todavía.

Curiosamente no se ha tomado nota que por sus exportaciones agrícolas no-tradicionales, desarrolladas en a penas una década y con mano de obra casi 100% nicaragüense, Costa Rica supera aún sus exportaciones tecnológicas más que duplicando el monto de las exportaciones agrícolas tradicionales de Nicaragua. Proclamando que Nicaragua sea un país de vocación agrícola-forestal, acá se cierre carreras universitarias vinculadas con el agro, mientras allá prosperan 3 universidades –la pública UNA, las privadas CATIE y Earth University- dedicándose casi en exclusivo a lo agro-forestal.

En resumen, algo serio “qué cómo producir para quién” tomando en cuenta las fortalezas y debilidades, oportunidades y amenazas específicas de Nicaragua no hay. En su lugar hay argumentos sobre cuál modelo político más le convendría a Nicaragua, un debate algo estéril al carecer de una base sustancial-material, más aún cuando es más batalla de consignas que de ideas. Por tanto aquí algunas ideas y observaciones.

Si se entiende Capitalismo como un sistema económico, condicionado por la búsqueda del Capital de la mayor rentabilidad del capital -se va a donde sea y a que sea para obtener la mayor renta-, me temo que vamos a tener Capitalismo por buen rato, puesto que -a escala mundial- las oportunidades abundan: en primer lugar en los países asiáticos y en segundo lugar en otras regiones del mundo, la tecnificación de la producción de bienes y servicios está creando cada día nuevas oportunidades.

El Capitalismo -a escala mundial- aún no ha llegado al fin de su vida útil, la cual consiste en ser un mecanismo muy efectivo para obligar a un uso eficiente y eficaz de recursos desde el punto de costos asumidos: “No te prestamos si no nos garantizas un retorno X” es una palanca mucho más efectiva y rápida que cualquier mecanismo de los mercados, los hubo por miles de años antes de la venida del Capitalismo pero sin desencadenar semejante dinámica.

Si se entiende Socialismo como un sistema económico dirigido por las necesidades respectivamente deseos de la sociedad en su conjunto de obtener ciertos bienes y servicios, y donde se planifica en conjunto el uso óptimo de los recursos materiales -recursos humanos incluidos- con el fin de satisfacer las primeras para todos y los segundos para la mayor cantidad posible, entonces -según Marx- se requiere como pre-condición imprescindible de un alto nivel de tecnificación, tal que cada quién laborando produzca sustancialmente más que lo que necesite. Carecemos además de métodos y de formas mejores que el mercado para determinar los deseos y priorizar entre ellos. Con una productividad laboral aún a las alturas del Siglo XIX, Nicaragua queda aún mucho más lejos de ese socialismo que quizás otros países de mayor desarrollo productivo.

Si se entiende como Socialismo un modelo de la tecnificación de la producción de bienes y servicios liderado por el estado en circunstancias de niveles productivos nacionales muy por debajo de lo requerido para satisfacer las necesidades más básicas -eso era el Socialismo de Lenin y Mao a Castro- entonces consta que ese modelo no solamente no ha funcionado quedándose lejos de la efectividad del Capitalismo ordinario, sino que además ha impedido tajantemente la incidencia real de los supuestos beneficiados y de los trabajadores mismos en sus propios asuntos, mucho más que el Capitalismo ordinario. La peor combinación posible es la ahorita practicada por China Popular, Vietnam y el Irán, la que implementa al Capitalismo lleno y pleno como mecanismo principal, pero a la vez reprime brutalmente cualquier intento de los supuestos beneficiados y de los trabajadores mismos a organizarse en auto-defensa.

Que el Capitalismo es condicionante, no implica que sea dominante en forma exclusiva. La historia de los países europeos después de la II. Guerra Mundial, pero hasta de los mismos EE.UU., ha demostrando que tanto por lado del sector público como por lado de beneficiados y consumidores y de los trabajadores mismos, hubo y hay formas de incidir, sea modificando las condiciones de rentabilidad por medio de legislación, impuestos y subsidios, dirigiendo así al Capital de actividades menos deseables a actividades más deseables, sea por medio de luchas sociales y sindicales incidiendo sobre el qué y cómo producir y la repartición de plusvalía. Como resultado la parte del producto interno bruto BIP manejada por el sector público allá quedó encima del 35% y los empleados y trabajadores gozan de condiciones de vida distantes a las de Nicaragua por literalmente más que un siglo. La parte pública del BIP en Nicaragua no llega ni al 20%.

Ese último enfoque se conoce como Socialdemocracia, solo que al parecer el “Grupo en el Gobierno” -temeroso de cualquier auto-organización- va cada día más cerca al modelo chino-vietnamita-iraní, puesto que se arregla muy bien con el Capital nacional y sus instituciones vanguardias internacionales como el FMI, BM, BID etc. mientras al mismo tiempo limita cada día más los derechos elementales de sus ciudadanos. No obstante insisto: la pregunta Capitalismo, Socialismo o Socialdemocracia no encontrará respuesta en la nirvana, es decir, sin saber antes qué, cómo producir y para quién. Pero ese debate ni ha comenzado.