lunes, 9 de agosto de 2010

Cornelio: Nicaragua, su élite rectora y sus universidades

El funcionamiento real, la institucionalidad real, las reglas reales cómo funciona una sociedad dependen de su élite rectora, no de sus analfabetas. Es esa élite rectora, la que transforma y codifica comportamiento, deseos y reclamos de las masas en políticas y estrategias de entidades públicas y privadas para encaminar y supervisar su puesta en practica después. No son tampoco graduados de primaria, quienes bajan las ordenes principales, apremian su cumplimiento y castigan el incumplimiento en fábricas y oficinas, sino -con rarísimas excepciones- son los graduados universitarios. La controversia actual sobre aplicación e interpretación de la Constitución en la elección y el nombramiento de funcionarios públicos es un pleito entre graduados universitarios.

Por lo tanto, díganme cómo se  forma a la élite rectora de un país -en particular en las universidades- hoy, y te digo como serán mañana sus empresarios, gerentes y políticos. Entre tanto ellos son hoy, tal como se los ha venido formando ayer. Ahí no solamente se trata del contenido de los curricula, asignaturas y examinas, sino de la práctica social diaria de la institución Universidad, que impacta en la formación, pues por medio de esa, los estudiantes se forman su idea de lo aceptable, deseable en la interactuación y actuación como élite rectora así como de lo inaceptable, indeseable. Suponer que de una universidad no comprometida en su práctica diaria con la visión de una sociedad abierta, competitiva, democrática, en base de derecho, solidaria y transparente, salga una élite rectora comprometida con esa visión de la sociedad es como pedir peras al olmo.

Ahora mal, no hay ni una sola universidad, pública o privada, que publique anualmente -bastan dos hojas tamaño carta o dos pantallas WEB- sus principales indicadores académicos y económicos, es decir la totalidad de sus ingresos con sus fuentes así como la totalidad de sus egresos con sus destinos por rubros, tipo de gasto y escalafones, tampoco la cantidad y promoción de estudiantes por carrera y años de estudio, ni la composición del claustro de profesores por carrera, nivel académico y tipo de contratación. No basta un informe secreto para las gavetas de la Contraloría u otra instancia de supervisión para dar un ejemplo positivo de transparencia. Este secretismo contrasta con la transparencia que se les exige a entidades con estatus “sin fines de lucro”, hasta a empresas, cuyas acciones se negocian en bolsa, en países con mayor desarrollo cívico. Y los estudiantes toman nota...

En cuanto a la legalidad, todas las universidades del país operan formalmente bajo el techo de la Ley de Autonomía de las Instituciones de la Educación Superior, ley 89 del 5 de abril del 1990. Obsoleta por más que una década, esa ley ha sufrido el mismo tipo de interpretación y aplicación anteojera como antes y después otras leyes de la República, incluyendo la constitución misma, siempre condicionadas por la coyuntura política y el interés económico, tanto por el Consejo Nacional de Universidades CNU y sus universidades miembros como por las demás universidades. Usando leguleyos y subterfugios se viola respectivamente, no se aplica ley expresa, de su espíritu violado ni hablar. Ninguna universidad, ni la comunidad universitaria ni mucho menos el conjunto de todas, se ha atrevido a abrir un debate abierto y serio sobre la reforma necesaria de fondo de esa ley. La nueva ley de acreditación de entidades de la educación superior más bien fue concebida como una guillotina para quitarse encima la competencia económica no deseada, aquella que ofrezca el mismo título a menor precio. Y los estudiantes toman nota...

En cuanto al concepto de democracia, las recientes elecciones amañadas de autoridades en las universidades públicas y los acontecimientos conexos han dejado evidencias irrefutables de que la competencia abierta por medio de argumentos no es parte de la visión de esas universidades. El funcionamiento de los Consejos Universitarios es un fiel reflejo hasta anticipación como funciona la Asamblea Nacional. Sin embargo, me consta que en cualquier Comunity College de los EE.UU. el estudiantado organizado tiene más incidencia real en el que-hacer institucional que en cualquier universidad pública o privada Nicaragüense. En Nicaragua se limita a organizar fiestas y la elección de la reina de carrera o de reciento.
Salvo remitido a eventos y asignaturas aislados, la problemática del país brilla por su ausencia, mientras se responde a la inquietud de los jóvenes en cuanto a su futuro laboral en Nicaragua con concursos en emprendurismo y cursos de pos- y pos-posgrado, irrelevantes como placebos: hay ya 40,000 Micro-empresas formalizadas en el país. La apertura de otros 10 a 15 mil al año como solución laboral para los miles y miles de egresados pertenece al reino de la cruel fantasía. Quién no encontró trabajo según su calificación como graduado, tampoco lo va a encontrar con unos tantos cuantos títulos más. Sin embargo los placebos permiten evitar un debate abierto y amplio de perspectivas y alternativas dentro de los recintos universitarios mismos. Y los estudiantes toman nota....

En éstos días la Universidad Centroamericana UCA ha celebrado su 50 aniversario. En éste contexto así como por las efemérides de los meses de Junio y Julio, se ha evocado el role de las universidades en los acontecimientos ya históricos. No cabe duda, sin una universidad y universitarios sumergidos en la realidad nacional no hubiera habido nunca un 19 de Julio del 1979, ni tampoco la Gran Cruzada de Alfabetización poco después. Sin embargo estudiando documentos, informes y relatos, me consta que la universidad de hoy anda en otra honda, evitando donde pueda hasta el puro debate académico, pero abierto y controversial, de la problemática nacional en aulas y recintos. El estudiantado organizado antes del 1979 al parecer tenía mucho más incidencia en el que-hacer institucional que el día de hoy, en fin la Universidad en los tiempos de los Somoza y de la Guardia Nacional al parecer era más abierta por tanto mas influyente y más libre que la Universidad de hoy, a pesar de que contaba solamente con una fracción mínima de los recursos, de los que cuenta ahora.

Por tanto en lugar de solo celebrar, las universidades de hoy deberían asumir su corresponsabilidad en el actual descalabro político-institucional y económico-social del país, pues fueron y son ellas las que forman las visiones de la élite rectora del país. Universidades y universitarios además deberían tomar nota que una otra Nicaragua posible comienza en casa propia, bajo pena de no comenzar nunca extra-muros de los recintos universitarios tampoco.