sábado, 18 de septiembre de 2010

Cornelio: La larga sombra de los Somoza

Cuando uno se hace la molestia de comparar propuestas actuales para el desarrollo económico de Nicaragua, se hace algunos descubrimientos quizás sorprendentes. Apartemos primero a los que confunden economía con contabilidad y políticas económicas con ajustes de cuentas. Para ellos, elementos como niveles de educación, tecnificación de la producción, uso de recursos naturales hasta características particulares de mercados son factores exógenos, por los cuales alguien debe velar pero según el evangelio monetarista ahí la política no debe meterse. Pero tampoco hay debate alguno en cuanto al manejo mismo de las cuentas nacionales, pues al parecer no hay disenso tampoco. Siguen por el mismo curso desde que se implementó el 1. programa de Ajuste Estructural hace 15 años atrás, con la salvedad que las estructuras productivas del país en términos cualitativos no se cambiaron, o sea, hubo solo ajuste de cuentas pero no de estructuras.

Los productos principales de exportación de hoy, según los últimos informes de CETREX, son casi exactamente los productos principales de hace 100 años, con el mismo nivel de procesamiento, es decir, a pesar de toda la modernización habida, a pesar de todos los avances en infraestructura vial y energética, la economía del país descansa en los mismos ejes, ni si quiera con avances sustanciales en la productividad. En el caso de Nicaragua no basta hablar de décadas perdidas, sino Nicaragua perdió todo un siglo. Las islas llamadas Zona Franca no cambian este panorama muy sombrío.

Lo quizás sorprendente, nadie de ningún lado propone un cambio de fondo de esa estructura fallida tampoco, sino la élite rectora del país concuerda en que el agro -ese agro tradicional de café y caña, granos y ganadería- sea la base económica del país, quizás sin ser más específico con una u otra agro-industria encima, y que las medidas principales a tomarse se concentren en el desarrollo de la infraestructura vial y energética. Para darse un toque ligero de modernización, se habla a veces de la importancia de la educación -sin especificar importante para qué en términos económicos- y de llevar la tecnología al campo, sin especificar de nuevo porqué y para qué esa tecnología sea importante en términos de la rentabilidad económica. Ahí se ubica la parte económica del programa de Salvación Nacional.

La sorpresa se reduce, cuando se detecta que en sus rasgos principales ese supuesto modelo de desarrollo para el siglo XXI fue desarrollado bajo la última administración Somoza Debayle como plan de respuestas a la primera explosión de los precios del petróleo de los años 70 y al colapso previsible del cultivo de algodón y de las industrias conexas. De ahí viene la frase de Nicaragua como “Granero de Centro América” en la variante de Arnoldo Alemán o ya de “todo el mundo” en la variante de Daniel Ortega. Los planes de energía hidroeléctrica y geotérmica, que el Ministro de Energía presenta hoy como logros de este Gobierno, fueron –como consta en los mismos perfiles de proyectos, accesibles en el sitio del ministerio- concebidos en aquellos mismos tiempos. Los planes de irrigación del pacífico usando agua del Cocibolca para empujar la producción de granos básicos y la ganadería no son logros del ALBA sino conceptos desde del Gobierno Somoza Debayle. Con muchos de los dirigentes ya pasados en años, con más de la mitad de un siglo, nos presentan las ideas de sus tiempos mozos como novedades.

El problema: el mundo de la primera década del siglo XXI no es el mundo de hace 40 años atrás, ni si quiera la Nicaragua de hoy es la misma de hace 40 o 50 años. Para enumerar solamente los más importantes cambios: hace 40 años ni en los sueños más audaces aparece una China como mayor exportador de bienes de consumo y mayor importador de materias primas en el mundo. En la Nicaragua de aquellos años había un poco más que 3 millones de habitantes, el 60 % en zonas rurales, hoy hay -emigración forzada incluida- cerca a 6 millones, de ellos el 60% vive en zonas urbanas. Las zonas de uso agrícola no llegaron al 40% del territorio nacional, hoy menos que el 40% de los bosques tropicales queda aún para destruirse. Tampoco se debe olvidar que la población en edad productiva tiene –a pesar de todas las deficiencias- mejor formación escolar que aquel entonces, pidiendo otro tipo de trabajo.

No obstante, en Centro América solamente Nicaragua sigue apostando a mantener sus ejes principales de producción incólumes desde inicios del siglo XX, quizás hasta desde siglos más atrás, mientras -aunque en formas muy distintas- nuestros vecinos al norte y sur los cambiaron de fondo ya por casi una década y más. No se requiere de calidades de un gran profeta para señalar que el intento ese, de hacer ahora lo que no se hizo a su tiempo no va a funcionar, o al menos no basta ni de lejos.

Hubo 3 intentos serios de iniciar un debate nacional para encaminar un cambio de fondo. El primer intento fue un esfuerzo financiado y apoyado por Suecia a finales de los 80, por medio de lo cual se hizo primero un amplio inventario de los recursos nacionales disponibles, tanto naturales como humanos. De ese esfuerzo, con sus actualizaciones, queda aún el registro topográfico de los recursos minerales metálicos y no metálicos del país. Se complementó esa base por los resultados preliminares en cuanto a fuentes de energía -agua, geotermia- de los tiempos de Somoza mas proyecciones de la disponibilidad de recursos humanos, basándose en la expansión de la educación primaria, secundaria y universitaria. Cuando llegó el momento de crear ideas qué hacer con esos recursos, la Dirección Nacional abortó el debate con las consignas “Todo para la defensa” y “Nicaragua debe sobrevivir”, y los documentos se fueron a la gaveta. Peor, se disolvió el departamento de proyección y planificación energética del INE, perdiéndose -me consta- archivos irrecuperables de series de medición en el campo, acumuladas durante más que una década.

El segundo intento fue a finales del Gobierno de Doña Violeta. Ese intento, ejecutado por el INCAE con el apoyo metodológico de Jeffrey Sachs tomó como eje principal ya no el agro, sino la manufactura aprovechándose del agro-forestal para proporcionar las materias primas requeridas. De ese intento se quedaron como fantasmas los cluster de producción de lácteos, de cuero y calzado y de madera y mueblería. Como fantasmas, pues la implementación de esas propuestas hubiese requerido de una activa política industrial, algo mas que solamente desregulación, creación de condiciones y en lo demás retiro del estado. Al firmarse el primer acuerdo con el FMI, todo se fue al traste. En la misma onda neoliberal se desmanteló el sistema financiero heredado desde antes de la Revolución, estableciendo Wallstreet y la City de Londres como nuevos modelos de referencia, con las mismas consecuencias como allá: una concentración del crédito en el consumo, el comercio y las hipotecas de viviendas, desabasteciendo a los sectores productivos. Me consta además que durante casi una década el BID prohibió la retoma de los proyectos energéticos engavetados, diciendo que esto pudiese afectar negativamente la privatización del INE.

El tercer y último intento fue en los capítulos introductorios del Plan de Desarrollo del Gobierno Bolaños. Después de mostrar ampliamente la insostenibilidad de un modelo de desarrollo basado en el agro tradicional, se toma el uso adecuado del territorio nacional como eje guión, apuntando a los municipios empoderados como focos de un desarrollo descentralizado, pensando en manufactura y otros servicios locales como complemento de igual importancia al agro. Ese plan nunca fue discutido a fondo, sino remitido al fondo de las gavetas por el enfrentamiento entre los partidos populistas FSLN y PLC, la abrumadora mayoría en la Asamblea Nacional, y el Presidente, donde la prioridad era ocupar puestos para garantizarse influencias e ingresos, no el desarrollo del país. De ese esfuerzo nos quedaron el Mapa de la Pobreza pero el acompañante Mapa del Dinamismo local nunca se actualizó. La Ley creadora de las instancias locales –los comités comarcales, municipales y departamentales de desarrollo-, la Ley de Participación Ciudadana, recibió su tiro de gracia por el decreto presidencial creador de los CPC.

Al fin, todos los intentos de cambios estructurales fracasados ya en sus inicios, nos quedamos en la larga sombra de los planes de los Somoza, quizás con uno u otro complemento asistencialista o turístico, pero de fondo con el mismito concepto de un país agro-exportador tradicional. Solo que una economía a la Somoza, según Carlos Marx al menos, reproduce también inevitablemente políticas a lo Somoza. Pero lo más alarmante: nadie ha presentado aún un modelo económico alterno para sustituir esa visión retrograda, completamente desfasada en relación al mundo y a la Nicaragua del siglo XXI.