viernes, 26 de marzo de 2010

Cornelio: La imposición de una ética y sus consecuencias

Escribe Carlos Andrés Pérez (ND 26-03-10):El providencialismo, el neoliberalismo y el marxismo dominante en Nicaragua y América Latina, son interpretaciones de la realidad que también anulan la capacidad y la obligación que tenemos de imponer un sentido ético sobre la historia. El providencialismo lo hace en nombre de Dios; el neoliberalismo en nombre del mercado; el marxismo de mis críticos, lo hace en nombre de una “realidad” que, en última instancia, define el sentido de la vida social y de la historia.”

En la práctica política, entendiéndose la misma como la práctica por medio de la cual se incide sobre las costumbres y las reglas de interacción de los miembros de una sociedad, la teoría puede jugar varios papeles muy distintos.

Primero la teoría puede proporcionar un marco de referencia para la investigación de la sociedad y la interpretación de los resultados observados, siempre y cuando se acepte de prima a primera que haya algo que investigar, un objeto. Los inicios de las ciencias económicas coinciden con los inicios de las estadísticas sistemáticas, es decir las series de indicadores económicos recopilados por los encargados de políticas de comercio e industrias a finales del mercantilismo, las observaciones sobre ganancias y perdidas por los analistas-contadores, los descubrimientos sobre producción y productividad por los administradores de las primeras manufacturas y en fin las primeras estadísticas sobre morbilidad y expectativa de vida por las primeras aseguradoras, o sea el inicio de la aplicación de métodos cuantitativos-matemáticos en el análisis de la sociedad a mediados-finales del siglo XVIII.

Si se niega la existencia del objeto a investigar -la realidad de algo llamado sociedad- o la posibilidad de obtener resultados describiendo más o menos acertadamente esa realidad, entonces no habrá lugar para las Ciencias Sociales y sus disciplinas, desde administración de empresas y economía hasta sociología y psicología, para nombrar solamente algunos.

Hay un segundo rol de la teoría, mucho más viejo, en que la misma pretende explicar por si misma lo que “es” respectivamente lo que “debe ser”, donde a preferencia se intenta deducir lo que “debe ser” de lo que supuestamente “es”, incluyendo a la naturaleza.

En el contexto social, el absolutismo político de Hobbes, explicando la necesidad del estado Leviatán como contra-medida ética contra una supuesta naturaleza misma del hombre, es un ejemplo típico. Obviamente los ingenieros desde tiempos de la China y Grecia antigua nunca hubieran podido trabajar de esa forma, pero es hasta que se usó herramientas ingenieriles en la investigación de la naturaleza que al menos en ese campo se descarta el carácter normativo de las teorías.

Hay un tercer rol de la teoría, en que la teoría pueda proporcionar un marco de referencia para la actuación misma, en que se hace una o otra cosa, o se deja que haga, con la finalidad de obtener un resultado deseado, o sea, la teoría vincula actuaciones posibles con sus efectos probables incluyendo las observaciones específicas como efectos. Cuando en las Ciencias Naturales una teoría toma esa forma, se la llama tradicionalmente “ley”, sin embargo, mientras aún Kant deduce la cantidad de planetas de leyes divinas, al menos desde Einstein y Heisenberg en adelante una “ley de la naturaleza” no es algo que define -como la ley en lenguaje común- sino algo que describe, mas o menos acertadamente cómo actuando, experimentando y observando se puede obtener lo anticipado o deseado.

Negar que hay vínculos objetivos entre lo que se hace dentro de una sociedad y los resultados directos o indirectos, que se obtienen, tiene consecuencias fatales: se elimina de un solo tajo la responsabilidad propia del actor por las consecuencias de su actuar, más allá de las más inmediatas, pues si no hay vínculo objetivo no se puede anticipar y por tanto tampoco prevenir. Así se regresaría a la vida humana como tragedia griega clásica, predeterminada por la divina providencia, donde aún puede haber culpa por violar -consciente- o inconscientemente- normas divinas y/o humanas, pero no puede haber responsabilidad.

Hay un cuarto rol, cuando la teoría sirve en público y privado para justificar las actuaciones propias hasta a veces sin tomar en cuenta sus resultados concretos y específicos, convirtiéndose en ideología, peor cuando los poderosos justifican así su actuar. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado antes de tomar las palabras como hechos, o sea que la ideología profesada sea el ex-ante causante de las actuaciones cuando muy probablemente solamente sirvió para justificar ex-post en declaraciones lo hecho o por hacer.

En ese sentido el famoso documento de las 72 horas es para mi más una racionalización por el pequeño grupo de militantes del FSLN -una vez conquistado el poder militar no se quería compartir el poder político-social con nadie pero a la vez se estaba muy consciente de la débil y precaria situación real propia- que una definición programática de la política para seguirla en base de una teoría, pues más allá del creciente totalitarismo la política socio-económica real estaba siempre lejos de cualquier concepto socialista, hoy por hoy ni los fragmentos teóricos remanentes están cerca. La inversión explicativa entre origen y efecto impide analizar las causas reales, al dar de antemano una explicación ideológica.

De hecho el triunfo del 19 de Julio es resultado de una ética de abnegación y sacrificio de miles, tal como muchas acciones después como la Gran Cruzada de Alfabetización. Sin embargo mientras aún la Cruzada tenía no solamente la misión de enseñar sino a la vez de aprender de la realidad del país, ya no se compaginó después los miles y miles de relatos e informes de los alfabetizadores, sino –me consta- desde 1985 en adelante hasta se prohibió relacionar en aula de clase la enseñanza aún del marxismo de los folletos con la realidad social vivida, tal que la misma se quedó relegado a un segundo lugar. La teoría entonces se volvió un cascaron legitimador hueco mientras la ética se redujo al apoteosis de los héroes y mártires, cuando según Brecht solamente los países en peores condiciones requieren de ellos. Para mi no es la falta de ética, la que llevó al 24 de Febrero del 1990, sino la falta de cualquier disposición a tomar nota de y discutir las realidades objetivas del país hasta que el pueblo mismo ajustara las cuentas en las elecciones.

Marx mismo rechazó siempre una interpretación normativa de su análisis socio-económico. Sin embargo, insistía en que la sociedad y su funcionamiento pueden ser investigados -hay objeto y resultados objetivos- y que la práctica política puede y debe usar la teoría para obtener los resultados deseados, donde -al no obtenerlos- se debe revisar teoría y práctica a la vez. Igualmente rechazó cualquier “automatismo histórico”, sino siempre hizo hincapié que dependería de la actuación concreta de hombres y mujeres concretos si y cómo se resolvería la chocante contradicción entre la capacidad productiva de la sociedad organizada por un lado y el beneficio muy limitado que recibieron en su tiempo y reciben hasta nuestros tiempos las mayorías, o sea para él, el combustible de las revoluciones no viene ni de la miseria, ni tampoco de la oposición entre miseria y riqueza, sino de una potencialidad sin realizarse. Él advierte que, al organizar el capitalismo -cada día más extensamente- a la sociedad, en particular a obreros y empleados, éstos más temprano que tarde no solamente iban a exigir mayor parte de la riqueza producida, sino además, más control sobre qué y cómo se producirá. No se equivocó.

El rechazo a la ética como base de la política por Marx no quiere decir que él no sentía compasión para con los demás, ni mucho menos que no hubiese aspirado a una otra vida posible tanto para si mismo como los demás. Por esto -a parte de investigar y escribir sobre los resultados- se metió activamente a la política práctica. Sin embargo, el concepto de una ética normativa como guión de la política siempre le estaba ajeno. Para él se peleaba por derechos e intereses, no por conceptos éticos. Al eliminar con Bernstein de la agenda la lucha por quién defina qué y cómo se produce, al eliminar con Kautsky del ideario los sujetos mismos, quienes luchan por sus propios intereses, se recae con Lenin a un rol de la teoría política como un elemento normativo-justificante, o sea, la teoría se vuelve religión.

De Lenin a de-secularizar la política para basarla de nuevo en un cristianismo nuevo, como nos recomienda APB, es solo un pequeño paso. Nada en contra de éticas personales, todo en contra a un sentido ético único impuesto a la historia. No hay una ética correcta para imponerla, sino ya el mismo intento de imponer éticas políticas-normativas -según APB “la obligación que tenemos de imponer un sentido ético sobre la historia”- pero éticas que a la vez estén disueltas de las condiciones reales cómo la gente vive y cómo se ganen la vida, me causa horrores viendo sus consecuencias desde de la Revolución Francesa, pasando por Endlösung y GULAG, para aún no terminar en Pol Pot y ambos lados de la supuesta guerra contra el terrorismo, sin olvidar, aunque de menor consecuencia todavía, a las cárceles en la Isla de Cuba, tanto en La Habana como en Guantánamo: me niego a pesar muertos contra muertos en aras de un futuro de leche y miel para los respectivos sobrevivientes mucho menos en nombre de una ética, cualquiera que sea.

1 comentario:

Gustavo Ernesto Martínez Cárdenas dijo...

Tanto Marx como Hegel, a pesar de sus diferencias, veían la historia como un proceso objetivo, que existía independientemente de la conciencia y la voluntad de los seres humanos atrapados en ella. Ambos podían coincidir con Spinoza en que la actitud del verdadero pensador no es “ni reír, ni llorar, ni condenar, sino comprender”.

Marx también tomó de Hegel la tendencia a rechazar la crítica puramente moral. Esta forma de crítica, típica tanto de la izquierda hegeliana como de los socialistas utópicos, simplemente contrasta el estado de cosas existente con uno ideal que es de algún modo preferible: una contradicción entre cómo la sociedad “es” ahora y cómo “debería ser”. Pero esta contradicción es entre mente y realidad. No es una contradicción en la realidad misma, de manera que es una contradicción que nunca puede ser superada.

Una comprensión dialéctica de la realidad, sin embargo, puede detectar las posibilidades de cambio en el estado de cosas existente, descubrir las tendencias dentro de la situación presente que pueden llevar a su transformación. La acción política debe fundarse en lo que es objetivamente posible, no en fantasías o en buenas intenciones salidas del cerebro de algún pensador.

Tomado de: El método de Marx
Por Alex Callinicos. http://www.enlucha.org/?q=node/453