miércoles, 3 de marzo de 2010

Cornelio: Pegando a Marx para no enfrentar la economía

Dice Andrés Pérez Baltodano (END 03-03-2010): Es inútil tratar de elucidar el “verdadero” pensamiento de Marx, si por “verdadero” se entiende una interpretación definitiva que elimine o integre armoniosamente todas las incoherencias y contradicciones que forman parte de su obra. Estas son reales e inevitables porque en los escritos de Marx y Engels se mezclan la filosofía y la polémica, el análisis frío y el discurso apasionado, el insulto y la explicación.

Sin embargo continua en forma de citas a ilustrar lo que en su interpretación de Marx serían tales incoherencias y contradicciones, diciendo que las mismas, dado el contexto concreto, histórico y práctico hasta personal de Marx, son comprensibles aunque no justificables. Aplicando la misma línea de pensamiento al autor mismo de esas líneas, su interpretación de Marx tendrá también su contexto concreto, histórico y práctico hasta personal, o sea su interpretación para mi es comprensible tal vez aunque no justificable. El autor mismo se niega a explicarse al respeto como en su libro tampoco presenta esas referencias históricas pero concretas al contexto de los pensadores marxistas latinos, que él anda analizando y criticando.

A mí el meollo del asunto me parece otro. ABP no comparte la tesis analítica de Marx, sintetizada por Engels: “el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo”.

En ese particular ABP tiene que argumentar “cuesta arriba”, puesto que la abrumadora mayoría de las y los nicaragüenses pone precisamente a sus problemas de la vida real en primer lugar y no a la política, la ciencia, el arte o la religión. Cuando la crisis financiera mundial, las visitas del FMI o la “Ley de Moratoria” dominan los noticieros y periódicos a diario, resulta algo complicado explicarles a las y los Nicaragüenses que el capitalismo y sus reglas tengan menos importancia para su vida real que su pragmatismo resignado o su visión providencialista del mundo, los que según ABP son la causa de todos sus males.

Como entonces no puede atacar al “enemigo ideológico” economía de frente, ataca a Marx y Engels para tildar después como marxistas ergo obsoletos, a los que insistan -como yo- en que el problema de mayor urgencia a resolver en Nicaragua es su sistema económico, es decir qué y cómo se produce y quiénes participan cómo más cómo se aprovecha respectivamente se despilfarra las riquezas en recursos naturales y humanos.

En la actualidad los poderosos de la economía – los locales representados por la banca, la cúpula empresarial y el grupo ALBANISA, los fuentes externos de capital representados por el FMI- desde ya negocian entre ellos y a puerta cerrada el futuro de Nicaragua, aduciendo la necesidad y la posibilidad de separar la economía de la política. En casi la misma línea ABP quiere convencernos de la necesidad de una revolución ética con la subsiguiente hegemonía de una ética única, antes de encaminar soluciones para los problemas más urgentes, incluyendo la devastación ecológica irreversible del país, posible negociando intereses encontrados en lugar de intentar en vano a conciliar posiciones éticas opuestas. Hasta legalidad e institucionalidad del país estarían sobre la mesa, puesto que -como ya observó Marx- a los empresarios tampoco les conviene un régimen político arbitrario, autoritario y autocrático, dado que ya no vivimos en los tiempos globales de los Somoza tampoco. Sin embargo ese debate público no hay.

Ahora bien, sabiendo que la superación del pragmatismo resignado y del providencialismo era precisamente el programa de la ilustración hace más que 200 años -programa que según Alejandro Serrano nunca se completó en América Latina-, yo entiendo la motivación de ABP. Me resulta comprensible que quiera presentarlo como pos-marxismo para estar a la par con la fraseología moderna de la “deconstrucción”. Sin embargo me parece tan peligroso como los intentos anteriores de “aplicar” Marx a la realidad latina tan diferente, mientras reducir las diferencias a solamente la espiritualidad latina cristiana -lo que ABP llama la dimensión subjetiva- excluyendo la herencia cultural en la administración pública y en la organización social así como a las formas concretas de producción pre-industriales al menos en Nicaragua dominantes, más ignorando a la diversidad ideológica latina real del siglo XXI, la que menciona Onofre Guevara, para mi es una posición simple- y plenamente reaccionaria: ¡después de Feuerbach, ni un paso atrás!