lunes, 24 de agosto de 2009

Cornelio: Incapaz a organizarse

Estimado Andrés,

yo no sé cuanta experiencia vivida tenés en la problemática Nicaragüenses y Organización, pues yo he acumulado mientras un poco más que 24 años. Y hay una constante –independiente del segmento o sector, nivel de educación, área de interés, escala-: Las/los Nicaragüenses son incapacitados/incapaces para auto-organizarse con el fin de resolver/remediar un problema/interés común/compartido por medio de esfuerzos conjuntos, a no ser que algún externo –una autoridad superior- o algo externo –un financiamiento- las/los motive. Dicho de otra forma, la falta de una visión compartida de Nicaragua es –al menos por mi experiencia acumulada- solamente la cima del tempano.

Comenzamos con algunos ejemplos sencillos: tanto en mis tiempos en la UNI como en mis tiempos en Ave María College, había el problema recurrente que la cantidad de computadoras en los laboratorios no daba para que al cualquier hora del día hubiera siempre cantidad suficiente para satisfacer la demanda, más aún cuando la demanda se concentraba en algunas horas del día.
Yo conocía este problema de mis propios días de estudiante, donde por ésta razón las salas de terminales estaban abiertas entre 16 a 24 horas del día –fines de semana incluidos-, siguiendo a la tradición de las salas de lectura en bibliotecas de presencia –donde no puedes llevarte el libro, solo consultarlo-, que en las universidades de Gotinga y Bonn –donde estudié- desde siglos –literalmente- estaban abiertas 24/7.
En Bonn había un esquema simple de auto-regulación: cada estudiante tenía derecho a usar una terminal de computadora hasta por media hora, después de la cual tenía que cederla a otro estudiante, se hubiese. En consecuencia durante horas picos del día se tenía solamente ésta media hora mientras en la noche a veces se tenía toda la noche sin interrupción. El esquema se implementaba en forma muy simple: había una pizarra con filas –una fila por cada terminal- y dos columnas. Al entrar a la sala y encontrar un terminal libre, se apuntaba la hora de entrada en una de las columnas. Al no encontrar ningún terminal libre, se buscaba en la pizarra aquel terminal, cuyo tiempo de uso ya había terminado o estaba mas cerca por terminar y se ponía la nueva hora inicio en la otra columna. Al acabarse el tiempo del usuario anterior, el nuevo usuario se iba donde el terminal, pidiendo al otro amablemente a terminar su trabajo. Éste al salir de la sala borraba su hora de inicio de la pizarra.
Como vés un sistema simple, justo, sin intervención de superiores y auto-adaptándose a la demanda. Intenté a implementar este esquema en la UNI y AMC pero fracasé dos veces. Las/los estudiantes simplemente no estaban dispuestos ni a hacerle caso a su compañera/o ni a pedirle algo. En el caso de AMC escribieron una carta de protesta al Academic Dean, demandando que se contratase a un CPF –un guardia universitaria- porque –como escribieron- para ellos era denigrante tanto pedir como recibir pedidos más aún –siempre según ellos- que esta obligación tenia efectos negativos graves sobre sus relaciones interpersonales.

Ahora bien, comportamiento similar en la vida día a día vos lo puedes observar cuando en un cruce falla un semáforo –antes de ceder 50 cm todo el mundo se queda pitando durante horas-, cuando la gente grita “culpa de la policía” cuando en frente de su casa se bota basura etc.. O sea tengo muy, muy pocas experiencias donde –en Nicaragua- se establezca primero en consenso reglas de conducta para después hacerlas valer en interacción directa con los otros peers.

Del comportamiento individual pasemos al de grupos. Vos escribes Hablo de espacios públicos en donde la sociedad pueda organizarse democráticamente para defender sus derechos y aspiraciones. O sea para ti casi automáticamente el fin de la organización es la defensa. !Ojo! para mi –en el contexto de mi socialización- la organización es en primer instancia un instrumento para resolver por esfuerzo compartido y solo en segundo lugar para la defensa de derechos y aspiraciones.
De hecho los sindicatos obreros ya en el siglo XIX tanto en Europa Occidental como en los EE.UU., a la par de luchar por mejores condiciones de trabajo y mejores salarios, establecieron cajas de apoyo para enfermedad o muerte, desarrollaron actividades de educación –básica y avanzada- y calificación laboral, hasta tenían sus actividades culturales y deportivas. La famosa legislación social –seguro social, de enfermedad y de desempleo- de Bismarck era en el claro intento de restarle peso real a los sindicatos.
Pero no solamente los sindicatos, si no también la parte empresarial estableció las Cámaras de Comercio e Industrias no en primer instancia para defenderse contra el estado sino para promover a sus quehaceres, desde acordar normas y estándares para facilitar el intercambio de bienes y servicios, pasando por programas de capacitación para ejecutivos y profesionales hasta llegar a sistemas propias de inspección industrial y control de calidad.
En forma similar la formación de asociaciones profesionales, científicas, culturales e históricas comienza en forma masiva ya en el siglo XIX, en parte retomando las tradiciones medievales de las asociaciones de artesanos, de nuevo no en primer instancia como organizaciones defensivas sin para la promoción del saber, para acordar buenas prácticas etc. etc. Ahí puedo añadir la historia de los Clubes deportivos –que nacen no para espectáculos sino para promover el deporte de las masas, de los Alpinistas, Conservacionistas, Naturalistas y un sin número de actividades más, sin olvidar que las parroquias de cualquier denominación –cristiana, judía, musulmán y cuantos más- forman sus propios núcleos de acción social conjunta más allá de actividades religiosas y de obras de caridad.

Ahora mal … todo esto no solo no hay en Nicaragua sino cuesta, cuesta mucho a crearlo.

Por el lado empresarial, el COSEP y las otras Cámaras han sido incapaz de montar algo remotamente orgánico sino hasta las estructuras reflejan interés de grupos de personas antes de que de ramas enteras de comercio o industria. Consecuentemente han sido incapaces a redactar aunque fuera solamente en bosquejo propuestas para un desarrollo nacional. Ni quiera logran a consensuar posiciones ante el estado y sus poderes mas participan respectivamente participaron en las negociaciones del tratado de asociación con la UE y del CAFTA solamente en la medida que reciban viáticos por la Comisión de la UE y antes por el gobierno de los EE.UU. Hay proyectos de desarrollo de los socios, pero solamente en la medida que fuentes de la cooperación primero propongan y asumen después los costos. De ejemplo APEN –la asociación de los exportadores- tiene un arancel de 35 US$ al año, jactándose que representan exportaciones por un valor encima de los 230 millones de dólares al año y que manejan proyectos y programas de cooperación por varios millones.

Si hablamos de los pequeños y medianos –agro, comercio, industria-, entonces tanto en Europa Occidental como en los EE.UU. ellos comenzando en el siglo XIX desarrollan instituciones de beneficio mutuo, desde cajas de ahorro y crédito hasta almacenes e instalaciones para procesar materias primas o productos en conjunto. En Nicaragua solamente un porcentaje muy bajo de los pequeños agro-productores está afiliado a alguna organización, aún menos son miembros de algún tipo de cooperativas. Mientras andan proliferando las micro-financieras y las instalaciones compartidas las ponen las casas importadoras/exportadoras o se espera que las ponga el estado; con muy, muy pocas excepciones donde además normalmente una agencia de cooperación había tomado la iniciativa.

Asociaciones efectivas de profesionales –con la excepción de Contadores Públicos, Periodistas y algunas asociaciones médicas- no hay a pesar de que la cantidad de los mismos ha crecido entre el factor 20 al factor 100 en los últimos 20 años. En mi propio campo la Asociación Nicaragüense de Profesionales TIC tardó entre idea inicial a fundación 14 años y organiza al momento unos 50 profesionales de un universo de más que 12,000 con título universitario. La organización homóloga en los EE.UU. se estableció en 1946 (ACM) cuando en todos los EE.UU. había unas 5 computadoras. En la fundación del equivalente en Alemania participé en 1972, cuando hubo unas 6 universidades con carreras en Informática. En Nicaragua de hoy hay 43. Donde no hay asociaciones profesionales efectivas, no sorprende que no hay tampoco asociaciones estudiantiles técnico-científicos. Salvo la Academia de Lengua, de Historia y la reciente de Ciencia no hay asociaciones científico-culturales y aún estas tienen programas muy reducidas (disculpas, si se me escapó una u otra).

Cabe señalar que hay una fuerte tendencia de suplantar lo que no se tiene como capacidad de convocatoria por mecanismos legales. De ejemplo: en los casos de café, ganado y leche, unos pocos promueven la asociación de su rama pero ante la falta de convocatoria recurren al estado para crear una comisión nacional con aportaciones por ley obligatorias. La misma salida están buscando grupúsculos de profesionales al promover una ley de colegiación de su profesión, de nuevo con afiliación y aportación por ley obligatorias. Un salida similar son las comisiones nacionales formadas por el INPYME y el MIFIC para las MIPYME, donde unos tantos se entiendan con las autoridades de turno. Lo problemático no es tanto el carácter legal sino que la vía legal se usa como sustituto del trabajo de auto-organizarse y que por el otro como nacen como bastardos entre Sociedad Civil y Sector público, incapacitado por tanto de articular intereses de la Sociedad Civil enfrente del estado.

Ciertamente hay más que 1,200 ONG (vea para un panorama parcial Mapeo y Caracterización de las Organizaciones de la Sociedad Civil de Nicaragua –Resumen Mapeo y Caracterización de las Organizaciones de la Sociedad Civil - Informe Final), sin embargo las mismas en su gran mayoría (a) son instancia de abogacía, asistencia y servicios y no organizaciones de los interesados/beneficiados mismos y (b) reciben la mayor parte de su financiamiento –y por tanto no solamente plata- de agencias de cooperación y NGO internacionales. O sea solamente muy limitado representan a la Sociedad Civil como expresión organizada.

Estoy consciente de las limitaciones históricas (vea Las sombras del Absolutismo en la Nicaragua del siglo XXI). La constitución de cualquier tipo de asociación consiste en acordar reglas de conducta en consenso y hacerlas valer en relación peer-to-peer. Algo –como mencionado- no muy común en Nicaragua. Lo típico son reglas escritas extensas de procedimientos onerosos más códigos de ética elaboradisimos, sin embargo al momento crítico se busca a autoridades superiores o externas para hacerlos valer, pues falta la capacidad dirimir conflictos internamente, quizás porque nunca había sido parte de formación escolar o extra-escolar alguna.

Sin embargo me pregunto cómo habrá algún día visión de la nación Nicaragua, si no se logra ni quiera desarrollar, organizar e implementar visiones compartidas por segmento, sector, profesión, interés etc. O sea me parece que las visiones Alemania, Canadá, EE.UU., Francia etc. no se constituyeron ni se constituyen en un solo paso –ciudadano … nación- sino mediante una amplia red de identificaciones parciales dentro de segmentos, sectores, profesiones e intereses. Es el tejido resultante que hace la nación, no la idea abstracta suprema. Me parece como misión imposible que venga desde arriba –desde de la esfera de la política propiamente dicho, partidos, instituciones estatales- lo que desde abajo no se supo construir. Más a éste momento en la historia humana todos estos intentos desde arriba han fracasado, mas prominentemente el Socialismo Real.

En otra entrega hay que hablar sobre el papel de las municipalidades.

Cordialmente
Cornelio