viernes, 21 de agosto de 2009

Andrés: es indispensable crear visiones auténticas de nuestra sociedad

Estimado Cornelio,

Sin lugar a dudas que el desarrollo de una verdadera sociedad civil es el principal reto que enfrentamos para la democratización de las relaciones entre el Estado y la sociedad nicaragüense. Para evitar la confusión que hoy existe sobre el concepto de “sociedad civil”, podríamos decir que lo que se necesita es construir espacios públicos independientes del poder Estatal, e independientes de la cooperación internacional. Hablo de espacios públicos en donde la sociedad pueda organizarse democráticamente para defender sus derechos y aspiraciones. El tema de la representatividad dentro de estos espacios públicos es un tema central que podremos abordar en otra ocasión.

El providencialismo es mencionado en el libro Entre el Estado Conquistador y el Estado Nación como una de las raíces de la cultura pragmática resignada. Esta cultura política expresa un sentido de irresponsabilidad frente a nuestra historia. Yo creo que muchos de los que abandonamos Nicaragua, expresamos este sentido de irresponsabilidad. Decidimos incorporarnos a una historia triunfante –como la del Canadá—en vez de luchar desde Nicaragua, para recrear la de nuestro país. Pero no quiero convertir este artículo en una confesión personal, aunque en algún momento vale la pena hablar de este tema. Después de todo, este blog es para examinar nuestras experiencias personales.

El providencialismo religioso sigue vivo en Nicaragua. Las estadísticas que yo cito en mi libro siguen siendo válidas. El discurso religioso que forma parte de nuestro discurso político es providencialista. El crecimiento del pentecostalismo –más providencialista que el catolicismo—apunta también al predominio de una visión de Dios y de la historia que nos empuja a asumir que nuestro destino depende de fuerzas que nosotros no controlamos. Dentro de esta cosmovisión, percibimos que nuestro papel es adaptarnos a las circunstancias, en vez de transformarlas.

El marxismo del sandinismo fue providencialista. En este caso, la Historia era percibida como una fuerza con lógica propia que nos arrastraba hacia el triunfo de la sociedad sin clases. Nuestro papel no era más que montarnos sobre esta historia y, en el mejor de los casos, empujarla.

El neoliberalismo nica y latinoamericano también está marcado por el providencialismo. El mercado –para los neoliberales criollos—es la re-encarnación del Dios medieval que lo decide todo.

Ni los neoliberales ni los marxistas, entonces, sienten y creen que tienen la obligación de pensar, de crear nuevas visiones e interpretaciones de la realidad nicaragüense para superar el hambre. Los más ilustrados apenas sienten la necesidad de aprender lo que otros han pensado y, más concretamente, lo que otros han pensado para resolver los problemas de sociedades que se nutren de aguas históricas de las que nosotros no bebemos.

Nos peleamos y nos matamos, entonces, armados de ideas prestadas. Y no es que no sea importante y hasta necesario conocer lo que otros piensan y han pensado sobre el mundo y sus sociedades. Quiero ser claro en esto: es indispensable conocer el pensamiento económico y político mundial. Pero es indispensable crear visiones auténticas de nuestra sociedad; es decir, visiones que se nutren de la realidad social concreta que se desarrolla dentro de nuestro espacio histórico y material. Visiones que tomen en consideración lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que creemos y lo que queremos.

En este sentido, ni el neoliberalismo ni el marxismo nicaragüense son auténticos. Son malas copias; copias que con mucha pereza hemos hecho de otros países y de otras realidades históricas.

El caso del marxismo nica es aterrador. Aquí en Nicaragua copiamos no solamente los conceptos y las ideas –trivializadas y convertidas en consignas— del marxismo leninismo que es, en sí mismo, una trivialización y traducción en consignas del pensamiento de Marx. ¡Aquí copiamos hasta la manera de aplaudir de los “camaradas” soviéticos! Tenés que recordarlo: la Dirección Nacional del FSLN orgullosamente aplaudía en las tarimas públicas con las palmas colocadas en posición horizontal. Después de la caída del Muro de Berlín empezamos a aplaudir “verticalmente”. Te digo esto con risa y con ganas de llorar porque el ejemplo muestra la comedia dentro de la que hemos vivido y dentro de la que nos hemos matado y desangrado.

¿Y hacia donde corrió el FSLN cuando le pareció que las consignas marxistas ya no “sonaban”? Hacia el discurso religioso, hacia el Dios providencial. ¿Se le ocurrió a alguien hacer y escribir y discutir una reflexión sobre el marxismo a partir de la experiencia del fracaso del socialismo real? No. Porque pensar cuesta mucho. Era mejor agarrarse de otro “gancho”. Si la Historia nos había fallado, entonces mejor agarrarnos del Dios salvador. Quemamos los manuales soviéticos y cubanos y rescatamos las novenas. Aunque es necesario aclarar que algunos todavía repasan sus manuales.

Creo pues, Cornelio, que seguimos siendo una sociedad providencialista; es decir, una sociedad que todavía no asume la responsabilidad de hacer su historia. Esto no significa que no estemos dispuestos –de vez en cuando—a rebelarnos contra el poder. El problema es que podemos rebelarnos contra el poder para caer, nuevamente, en otra condición providencial que nos empuja a adaptarnos –atemperarnos—a las circunstancias. En los 1980s hubo resistencia contra el FSLN. La Contra fue la principal expresión de esta resistencia. ¿Qué hicieron? Apegarse a los Estados Unidos. Gritar “¡Viva Reagan!, como vergonzosamente lo hizo Calero en la Casa Blanca. Puesto en otras palabras: para luchar contra un sandinismo disfrazado de un marxismo europeo y soviético, la Contra se armó con el disfraz de la democracia estadounidense. Nos seguimos matando sin reconocer lo que éramos, condición necesaria para saber lo que podemos ser.

Hoy en día seguimos –gobierno y oposición-- disfrazados.

Un abrazo,
Andrés

PS por Cornelio: lo correspondiente mío está en El sincretismo ideológico como paradigma político latino