lunes, 25 de octubre de 2010

Cornelio: El futuro no se encuentra en el pasado

En las elecciones del año 2011, un 58% de los potenciales electores no habrá cumplido ni 14 años en el año 1990, o sea tienen cuando mucho recuerdos de niño a la década de los 80 y los tiempos de los Somoza son para ellos pre-historia. No obstante en el discurso político publicado hay solamente nostalgia en oferta, sea las referencias tácitas al auge de algodón y la incipiente industrialización, la que le trajeron al país las tazas de crecimiento económico más altas de toda Centroamérica, sea la nostalgia convertida en culto comercial, como lo presenta el grupo gobernante en el intento fútil de declararse heredero y continuador de los logros de la revolución.

Ambas referencias son, de fondo, referencias al fracaso propio, pues ambos modelos fracasaron en primer instancia por razones inherentes, siendo al final la interrupción violenta de ambos más un tiro de gracia que causa de fondo de su ocaso. Además esos intentos hereditarios causan asco, pues sus apologistas, poco sinceros, a la vez quieren deshacerse de los miles de muertos, de los decenas de miles mutilados y de los centenares de miles brutalmente reprimidos, como si ellos no fueran también parte intrínseca, inseparable del respectivo modelo intentado; como si uno pudiera quedarse solamente con la parte agradable de una herencia y descartar a la parte desagradable.

En esas circunstancias y si yo tuviera 30, 40, 45 años menos de los que tengo, yo les escribiera a los adultos y ancianos en la esfera pública lo siguiente:

Nos consta -viviendo en la Nicaragua de hoy sin perspectivas algunas para nosotros- que ustedes fracasaron rotundamente. Por tanto poco nos importan sus cuentos del pasado. Pero nos consta también que ustedes sigan manejando al país como si fuera aún solo de ustedes, mientras que nosotros, casi ya el 60%, no tenemos representación de peso alguna, de una participación en concordancia a nuestro peso en el electorado ni hablar.

Si hemos aprendido algo de ustedes: no vamos a caer de nuevo en la trampa que se nos abuse como tropas de choque en las calles ni mucho menos como carne de caño en guerras, que no queremos ni hemos comenzado. Si esta actitud les parece indiferencia, vaya, pues a nosotros más bien nos parece como prudencia mas que aconsejable. Si quieren nuestros votos, vengan con propuestas que nos abren perspectivas ya, no solo con invocaciones del pasado ni con promesas para otras futuras generaciones.

Somos 1.8 millones de jóvenes y jóvenes adultos, y no encontramos en qué trabajar para ganarnos la vida. Como ya salimos de primaria, secundaria, tecnológico o universidad, futuras reformas educativas son importantes, pero solo para nuestros hijos, no para nosotros. ¿Qué tienen en oferta para nosotros? ¿O a caso ya formemos otra generación perdida, una más de las tantas que Nicaragua perdió a lo largo de su historia? No nos vengan con el cuento, que la inversión extranjera, incluida la venezolana, nos va a resolver. ¿Desde cuándo un inversionista extranjero se encarga de aquellos, que el país mismo ya descartó?

¿Qué van a hacer ustedes, los adultos y ancianos, en estado, empresa privada y academia para generar empleos, cuándo, dónde y cómo? ¿Cuáles opciones reales -salvo de emigrar a la ciudad o al exterior- tienen para los más que 700,000 de nosotros, que aún vivamos en zonas rurales? ¿Qué van a hacer para cambiar la situación actual, en la cual nosotros tenemos que andar detrás de conectes y recomendaciones personales, implorando y prometiendo cualquier tipo de compensación, hasta lo más denigrante, solo para tener un pegue? ¿Cuándo y cuánto valdrá lo que sabemos hacer y podemos hacer? ¿Y si piensan que no sabemos lo suficiente saliendo de los sistemas formales de educación, a los cuales ustedes nos mandaron, qué tienen en mente para que podamos aprender que nos supuestamente haga falta? ¡Estamos más que dispuestos a reivindicarnos!

Ustedes nos ofrecen la creación de nuestra propia micro-empresa como alternativa. ¡Qué clase de engaño! Ya hay más que 40,000 micro-empresas formalizadas con la DGI, mas cerca a 170,000 sin formalización alguna. A unas 200 a 300 de ellas se les da ahora anualmente alguna forma de apoyo financiero, técnico o en capacitación, o sea ni al 1%. Microcréditos al 24% anual o más obviamente no significan apoyo alguno, al contrario. Para darles respuesta a al menos 500,000 de nosotros en condiciones precarias de trabajo, se requería de al menos 100,000 micro-empresas más y un apoyo sustantivo a al menos la misma cantidad entre ya existentes y nuevas. ¿Quién tiene semejantes cifras en su programa? ¿Al fin para cuantas micro-empresas habrá espacio en Nicaragua?

Estamos hartos de vivir posando donde nuestros padres o suegros. ¿A caso nuestras familias jóvenes ya establecidas o por establecerse no tienen derecho a un hogar propio? No nos vengan con el cuento que con un centenar de casas ahí otro asentamiento popular allá se resolverá el problema. Somos el 60% de una población, la que se duplicó en comparación a 30 años atrás. Hacen falta entonces decenas de miles de techos para hogares. No los queremos como regalo, mucho menos como premio por aparecer conforme con lo que se nos imponga. ¿Donde está el plan nacional, que nos brinda oportunidades, si es preciso al menos a construir nuestra propia casa, cuando ustedes –al mando- no se molestaron a facilitar nos un trabajo, que nos haga elegibles para los bancos?

Al fin: ¡tomen nota! Si no nos dan respuestas concretas y reales sino solamente otras promesas ... ¡Nos vamos! Somos aún lo suficientemente joven, tenemos mas que suficiente energía y sueños de sobra, para continuar nuestras vidas en otros países, donde se nos acojan mejor, dejándoles esa Nicaragua sin futuro por completo a ustedes, los adultos y ancianos. Nosotros no queremos ese futuro, que ustedes nos han preparado, bajo ningunas circunstancias también como única perspectiva para nuestros propios hijos. Ya unos 300,000 de nosotros tomaron esa decisión de irse. Otro millón está mentalmente ya preparado y decidido a seguir a sus pasos en la primera oportunidad, que se presente.  Vean ustedes, quienes les financien su jubilación.

Así escribiera yo, si yo fuera un joven nicaragüense de hoy, pero como anciano -con mis casi 61 años- confieso no sabría tampoco como convencerle a un joven a que se quedara, sabiendo lo que está en oferta como respuesta actual. Solo sé que la respuesta a ese reclamo por un futuro para ellos, no se encontrará en el pasado.

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