domingo, 16 de enero de 2011

Adolfo Acevedo: Hay más que trabajan … pero no hay mejor trabajo

LO QUE DICEN LOS NUMEROS EN NICARAGUA: EL ¨BONO DEMOGRAFICO¨ COMO FACTOR DETERMINANTE DE LA REDUCCION DE LA POBREZA.

Adolfo José Acevedo Vogl

El crecimiento del PIB por habitante o PIB per cápita es el factor explicativo fundamental de la reducción de la pobreza que se ha verificado en Nicaragua desde 1990 a la fecha (aunque también ha contribuido la moderada mejoría verificada en la distribución del ingreso). Resulta de especial interés, por lo tanto, conocer cuáles son los factores que se encuentran detrás del crecimiento del PIB per cápita que se experimentó desde el inicio de la década de los 90.

La evolución del PIB per cápita (relación PIB/POBLACION) puede analizarse distinguiendo entre dos componentes principales:

  • El PIB por ocupado (relación PIB/OCUPADOS) y
  • La tasa de ocupación global (relación OCUPADOS/POBLACION): es decir, el número de ocupados dividido por la población total.

Es decir PIB/POBLACION = [PIB/OCUPADOS * OCUPADOS/POBLACION]

Para los propósitos de este trabajo, el PIB por ocupado es una medida de la productividad laboral media de la economía, mientras que la tasa de ocupación global es una medida comprensiva de la composición por edades de una población (relación PET/POBLACION), su participación en el mercado de trabajo (relación PEA/PET), así como de la capacidad de una economía de crear empleo (relación OCUPADOS/PEA).

Utilizando los datos de la serie de 50 años recientemente publicada por el Banco Central, hemos efectuado esa descomposición.

El resultado que obtenemos es que, hasta 2008, el PIB per cápita (PIB/POBLACION) habría aumentado en 29.6% entre 1990 y 2008.

Por su parte, el PIB por persona ocupada (PIB/OCUPADOS), equivalente a la productividad laboral media de la economía, en 2008 había alcanzado un valor equivalente al 99.5% (es decir, se había reducido en 0.5%) con respecto al valor que mostro en 1990.

Finalmente, la tasa de ocupación global o la razón entre el número total de personas ocupadas y la población total (OCUPADOS/POBLACION) se había incrementado en 30.2%.

De estos resultados puede concluirse que el crecimiento de 29.57% en el PIB per cápita se explica íntegramente por el aumento de 30.18% experimentado por la relación ocupados/población o tasa de ocupación global, mientras que la variación de la productividad – la cual solo represento el 99.54% de su valor de 1990 -, tuvo una contribución negativa, aunque poco significante (el crecimiento del PIB per cápita de 29.57% puede descomponerse así: 1.2957 = 1.3018 * 0.9954).

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Dado que la tasa de ocupación global, o relación entre el número de ocupados y la población, resalta como el factor que explica íntegramente el crecimiento del PIB per cápita, vale la pena analizar los factores que, a su vez, determinaron su evolución.

Esta relación puede ser desagregada en los siguientes elementos:

  • Razón entre la población en edad de trabajar (PET) y la población total (POBLACION);
  • Tasa de participación: población económicamente activa (PEA) dividido por la población en edad de trabajar (PET); y
  • Tasa de ocupación neta: número de ocupados (OCUPADOS) dividido por la población económicamente activa (PEA).

Es decir OCUPADOS/POBLACION = [PET/POBLACION * PEA/PET * OCUPADOS/PEA]

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En el Periodo 1990-2008, la relación entre la población en edad de trabajar (PET) y la población total (POBLACION) se incrementó en un 14.64%, reflejando el hecho de que el país se encuentra en la fase del denominado bono demográfico, la cual altera la composición por edades de la población, reflejándose en el hecho de que aumenta el peso de la población en edad de trabajar dentro de la población total, mientras se reduce con rapidez el peso de la población infantil dependiente.

Por su parte, la razón entre la Población Económicamente Activa (PEA) y la Población en edad de trabajar (PET), o tasa de participación, la cual refleja el porcentaje de la PET que se incorpora efectivamente al mercado laboral, aumento en 9.1%.

Es decir, que en este periodo no solo creció la población en edad de trabajar, sino que también aumento progresivamente la denominada tasa de participación, esto es, aumento el porcentaje de la población en edad de trabajar que se incorporó efectivamente al mercado de trabajo.

Finalmente, la tasa de ocupación neta, es decir la relación entre el número de trabajadores ocupados y la PEA, se mantuvo prácticamente invariable entre 1990 y 2008 –después de reducirse de manera apreciable entre 1991 y 1999, para recuperarse después de 1999 a sus niveles de 1990-, en alrededor del 94% de la PEA.

De partida, el valor de esta variable ya era alto en 1990. Este alto valor de la tasa de ocupación neta refleja el hecho de que, en los países pobres, la fuerza de trabajo de los hogares de menores ingresos, que son la mayoría, no pueden darse el lujo de permanecer desocupados, sino que buscaran alguna ocupación para sobrevivir, aunque la misma sea precaria e informal. El problema más acuciante, en nuestros países, por lo tanto, no es la falta de ocupación, sino el carácter precario e informal de la mayor parte de la ocupación.

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Esto también refleja el hecho de que la creación de empleo en Nicaragua es empujada, fundamentalmente, por el propio crecimiento de la fuerza de trabajo, la cual busca como insertarse, de alguna manera - y a veces de cualquier manera -, en la actividad económica, para generar algún ingreso. El hecho de que la mayor parte se inserte en la economía desempeñando actividades de muy baja productividad, explica, a su vez, el estancamiento de la productividad verificado en 1990-2008.

En síntesis: el crecimiento del PIB per cápita, que ha representado el factor fundamental para la reducción de la pobreza, obedece fundamentalmente al incremento de la tasa de ocupación global, o relación entre el número de ocupados y la población total.

Por su parte, el incremento en la tasa de ocupación global es el resultado del denominado bono demográfico: se ha producido u incremento de la población en edad de trabajar (PET) dentro de la población total, acompañado por un aumento en el porcentaje de la población en edad de trabajar que se incorpora efectivamente a la actividad económica (PEA)-

Esta PEA o fuerza de trabajo, a su vez, la cual ha sido capaz de mantener una alta tasa de ocupación neta por su disposición de incorporarse a la actividad económica aun a costa de una inserción mayoritariamente precaria e informal.

Se ha producido así un crecimiento de la tasa de ocupación global, empujado por las transformaciones sociodemográficas que afectan la estructura de edades de la población (bono demográfico), en interacción con las características del mercado de trabajo,  y esto ha impulsado el crecimiento del PIB per cápita, dando como resultado, en conjunto con una moderada mejoría en la distribución del ingreso, la reducción en la tasa de pobreza que se ha producido desde entonces.

Resumiendo: el bono demográfico ha sido el factor fundamental detrás de la reducción de la pobreza.

Sin embargo, el solo incremento del ingreso per cápita que resulta de manera automática de este proceso, podría resultar insuficiente para que el bono demográfico se convierta en una oportunidad para reducir la pobreza a un mínimo, en un lapso de tiempo histórico relativamente corto.

En efecto, el bono demográfico solo se materializa plenamente cuando es posible emplear en actividades formales de adecuada productividad, a la fuerza laboral que aumenta rápidamente. Esto, a su vez requiere que la creciente población que se incorpora a la fuerza de trabajo lo haga habiendo acumulado adecuados niveles de capital humano.

Mientras que la sola disminución de la tasa de crecimiento de la población, la disminución de la tasa de dependencia y el crecimiento de la fuerza de trabajo generan de manera automática cierto crecimiento del ingreso per cápita – permaneciendo constante todo lo demás -, el que el crecimiento de la fuerza de trabajo se corresponda con la generación de empleos de adecuada productividad, y que la fuerza de trabajo adquiera los niveles requeridos de capital humano, no se producen de manera automática.

Por esta razón, los beneficios potenciales del bono demográfico podrían verse contrarrestados, en gran medida, si los empleos que se generan son predominantemente informales y precarios, y si la población que alcanza la edad de trabajar lo hace habiendo acumulado niveles muy bajos de capital humano.

Al arribar el momento en que inicie con toda su fuerza el proceso de envejecimiento de la población, ya no habrá retroceso. Nicaragua tiene, por lo tanto, una ventana de oportunidad de entre tres o cuatro décadas, cuando mucho, para poder hacer las inversiones y las transformaciones que se requieran para aprovechar al máximo que sea posible el bono demográfico.

El termino del bono demográfico tendrá así efectos importantes un país como el nuestro, que ha logrado reducir la pobreza gracias fundamentalmente a aumentos de la razón población en edad de trabajar/población total y de la tasa de participación, sin mejorar significativamente la calidad del empleo, la productividad y los ingresos por ocupado.

El desafío que se enfrenta no se da en un vacío. Es preciso buscar respuestas que concilien tres grandes transformaciones de las que la política pública debe hacerse cargo: aquellas que responden a inercias demográficas, como el envejecimiento de la población y la baja de la natalidad; aquellas que dependen del desempeño de los agentes económicos y de políticas de coordinación y habilitación, como las mejoras de productividad, y aquellas de economía política que se refieren al papel y tamaño del Estado.

GLOSARIO

Ocupados (o personas con empleo): personas que tienen más de cierta edad especificada y que durante un breve período de referencia, tal como una semana o un día, estuvieron: (1) con empleo asalariado, trabajando por un sueldo o salario, o con empleo pero sin trabajar por una ausencia temporal manteniendo un vínculo formal con su empleo o (2) con empleo independiente, trabajando de forma independiente para obtener beneficios o ganancia familiar (incluye a los familiares no remunerados), o sin trabajar de forma independiente por una ausencia temporal.

Población económicamente activa (PEA) (o fuerza laboral): todas las personas que, teniendo la edad mínima especificada, cumplen los requisitos para ser incluidas en la categoría de personas con empleo o desempleadas. Es, por tanto, la suma de las personas ocupadas y las personas desocupadas.

Población en edad de trabajar (PET): población de 15 a 64 años de edad, correspondiente a la población potencialmente activa.

Productividad (PIB/OCUPADOS): La definición básica de la productividad laboral es el producto (a nivel agregado el Producto Interno Bruto o PIB) o el valor añadido dividido por la cantidad de trabajo que se utilizó para generar el producto, generalmente representado por el número de ocupados. En términos generales, la productividad es la medida de cuán eficiente ha sido el uso de los recursos. Se puede definir como producto por hora trabajada, o como producto anual por persona empleada. La productividad laboral es más específica que la productividad de todos los factores de producción, que abarca no sólo el trabajo básico, sino también aspectos tales como la calidad de la gestión, el progreso técnico, el sistema de gobierno y los efectos de las enfermedades y la criminalidad.

La productividad laboral aumenta con el incremento del valor añadido obtenido mediante una mejor utilización y coordinación de todos los factores de producción.

El valor añadido puede aumentar a raíz de que la mano de obra trabaja con más agilidad, empeño o rapidez, o ha mejorado sus niveles de destreza profesional, pero también interviene el uso de máquinas en mayor cantidad o de máquinas perfeccionadas, la reducción del despilfarro de insumos o el recurso a innovaciones técnicas. De hecho, cualquier factor extralaboral que contribuya al crecimiento del valor añadido contribuirá también a aumentar la productividad del trabajo.

Las diferentes tasas de productividad laboral no tienen ninguna relación con las diferencias del grado de esfuerzo que aportan los trabajadores, sino más bien con distintas condiciones de trabajo. En una economía en desarrollo, un trabajador pobre puede realizar jornadas sumamente largas y trabajar duramente bajo condiciones físicas impropias, sin que su productividad del trabajo aumente y, por ende, sólo reciba bajos ingresos, sencillamente porque no ha tenido acceso a la tecnología o a la educación, u otros factores necesarios para elevar la productividad. De allí la importancia de aumentar la inversión en capital humano y físico.

Relación de dependencia demográfica: cociente entre la suma de los grupos de población menor de 15 años y mayor de 64 años de edad, sobre la población de 15 a 64 años de edad (PET).

Tasa de desempleo (o tasa de desocupación): número de personas desocupadas dividido por la población económicamente activa (PEA).

Tasa de ocupación (o tasa de ocupación “bruta”): Número de personas ocupadas dividido por la población en edad de trabajar (PET).

Tasa de ocupación neta: Número de personas ocupadas dividido por la población económicamente activa (PEA).

Tasa de ocupación global: Número de personas ocupadas dividido por el total de la población.

Tasa de participación: Población económicamente activa (PEA) dividido por la población en edad de trabajar (PET).