martes, 11 de enero de 2011

Adolfo Acevedo: ¿Es lo mismo la Inversión Pública en Educación que el Gasto Privado?

El Presidente Daniel Ortega intento descalificar nuestra demanda por elevar la inversión pública en Educación al menos al 7% del PIB, alegando que, si se toma en cuenta la inversión privada, en Nicaragua el Gasto Total en Educación ya supero ese porcentaje.

¨El mandatario nicaragüense argumentó que aquellos organismos que plantean un incremento de la inversión en educación al 7 por ciento del PIB se olvidan de que en la Constitución se establece una economía mixta y, por lo tanto, se deben tomar en cuenta los datos registrados por el sector privado de educación...¿acaso los que están en las escuelas privadas están estudiando en otro país? ¿O están estudiando en Marte o la Luna? Están estudiando en Nicaragua, aunque estén en escuelas privadas”, aseveró el presidente Ortega¨ (La Prensa, 11 de Enero 2011).

El presidente es el que al parecer olvida que en Nicaragua existe un sistema educativo segmentado. Por un lado, existe un sistema educativo privado, al que pueden acceder quienes pueden sufragarlo, el cual cumple la función de proporcionar una educación de mayor calidad a los segmentos de niños y jóvenes de los hogares mayores ingresos relativos. Por otro lado, un sistema educativo público, con serias deficiencias y deterioro en la infraestructura escolar, con maestros mal pagados y con frecuencia sin la calificación requerida – no es posible atraer al personal más calificado con salarios muy inferiores al salario promedio nacional -, con graves problemas de acceso a libros de texto y materiales educativos, en síntesis un sistema educativo pobremente financiado, al cual asisten los niños y adolescentes  provenientes de los hogares de menores ingresos, que constituyen casi cuatro quitas partes del total de niños y adolescentes.

Es evidente que el gasto privado que realizan las familias que pueden sufragarlo para acceder a la educación privada, no asegura el acceso universal a una educación de calidad para todos los niños y adolescentes de ambos sexos, especialmente para la mayoría de ellos, que se concentran en los hogares pobres.

La lucha por el derecho humano fundamental a la educación, por la universalización en el acceso a una educación de calidad, es ante todo la lucha por asegurar este derecho para todos aquellos que - en una sociedad socialmente polarizada, portadora también de grandes desigualdades en términos de género y regiones geográficas - no están en capacidad de acceder a este bien público por las vías del mercado.

En el contexto de un país como el nuestro, caracterizado por enormes desigualdades, en el cual la mayor parte de los niños y jóvenes se localiza en los hogares con la menor participación relativa en la distribución del ingreso - en el seno de los cuales el ingreso per cápita resulta ser inferior a los US$ 1 o US$ 2  diarios -, determina que sólo una minoría de los niños y jóvenes del país, aquellos que corresponden al quintil más rico de los hogares, tendrá asegurada, por las vías “normales” del mercado – es decir, pagando su acceso a la educación privada -, sus derechos fundamentales.

En una situación así, las políticas públicas, materializadas a través de los Presupuestos Públicos, adquieren una relevancia fundamental para contribuir a contrarrestar estas profundas desigualdades, asegurando una tendencia hacia el acceso universal de los ciudadanos a una educación y salud de calidad.

El Sector Publico tiene por tanto la responsabilidad fundamental de asegurar que todos los niños, independientemente del nivel de ingreso de los hogares de los cuales provienen, tengan acceso a servicios sociales de calidad, que constituyen además derechos humanos inalienables. En todo el mundo – incluso en los países desarrollados -, el Sector Público es el que, con su gasto, permite lograr o no este objetivo, de asegurar con su gasto el máximo acceso universal posible a estos servicios básicos. 

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Fuente: OECD in figures 2005 - Education expenditure

En Nicaragua, del total de 79.1% de los niños de 7-12 años  del Quintil más pobre de los hogares que asisten a la Primaria, el 78.9% lo hacen en Centros Públicos, contra 52.4% de los niños de 7-12 años  del Quintil de mayores ingresos del total de 95.1% de dicho Quintil que asisten a la Primaria. A contrario sensu, solo un 0.2% del total de 79.1% de los niños de 7-12 años dl Quintil más pobre que asisten a la Educación Primaria lo hacen en Centros Privados, en comparación al 42.7% del Quintil de mayores ingresos del total de 95.1% que asisten a la Primaria.

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En el caso de la educación secundaria la tasa neta de matrícula es apenas del 17.4% para los jóvenes y adolescentes de entre 13 y 17 años del Quintil más pobre de los hogares, en comparación al 75.7% para el quintil de mayores ingresos.

Un 16.1% dentro del total de 17.4% de los jóvenes y adolescentes de 13-17 años del Quintil más pobre de los hogares que asisten a la Educación Secundaria - es decir un 92.5% de ellos - lo hacen lo hacen atendiendo a Centros Públicos, contra 42.9% del total de 75.7% del Quintil de mayores ingresos. A contrario sensu, solo el 1.3% del total de adolescentes y jóvenes de 13-17 años del Quintil más pobre que asisten a la Educación Secundaria lo hacen en Centros Privados, en comparación al 32.8% del Quintil de mayores ingresos.

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La tasa de matrícula pre-escolar para los niños de entre 3 y 6 años es de 25.4% para los niños provenientes del Quintil más pobre de los hogares mientras alcanzó el 56.8% para el Quintil de mayores ingresos. El 24.8% del total de 25.8% de los niños de 3-6 años del Quintil más pobre que están matriculados en la enseñanza pre-escolar es atendido por Centros Públicos, contra 30.4% del total de 56.8% de los niños de esa edad matriculados en la educación pre-escolar provenientes del Quintil de mayores ingresos de los hogares.

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Porque es necesario llevar la inversión pública en educación preescolar, primaria y secundaria por lo menos al 7% del PIB?

Porque todavía alrededor de 500 mil niños y adolescentes se quedan fuera del sistema educativo, y existen problemas muy graves en torno al nivel de inversión por estudiante – especialmente en secundaria y preescolar indispensable, tanto para asegurar una cobertura universal, como sobre todo para garantizar una educación pertinente y de calidad para todos los niños y adolescentes de ambos sexos.

Solo para referirnos a los desafíos que deben enfrentarse todavía en términos de acceso y cobertura, a pesar de los avances en materia de cobertura de la Educación Primaria, todavía hace falta camino por recorrer para que el 100% de los niños en edad de asistir a este nivel educativo lo hagan. Las brechas de cobertura también muestran importantes desigualdades. Así, mientras el 20.9% de los niños de 7-12 años del Quintil más pobre de los hogares se quedan fuera de la enseñanza primaria, sólo el 4.9% de los niños del Quintil de mayores ingresos lo hace. 

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Por otra parte, debe recordarse que la meta del Objetivo de Desarrollo del Milenio relativa a la universalización de la educación primaria se refiere a que “todos los niños y niñas puedan terminar el ciclo completo de enseñanza primaria”. Por supuesto, matricularse en la educación primaria y culminar el ciclo completo de la enseñanza primaria no son la misma cosa. Los niveles de acceso son una condición necesaria para el logro de la meta relativa a la conclusión, pero, junto a ello, se requiere que los estudiantes permanezcan en la escuela y progresen de modo sostenido a lo largo del ciclo escolar.

Por tanto, resulta importante notar que la tasa neta de matrícula en la educación primaria sólo nos brinda información de acceso, ocultando muchas veces ineficiencias en el sistema. Esto porque este indicador no provee información acerca de la permanencia ni el término de la educación primaria.

De allí que el segundo indicador de seguimiento de este objetivo, intente capturar en qué medida los niños y niñas que se matriculan en primer grado de primaria logran sobrevivir hasta los últimos grados de este ciclo, y corresponde a la tasa de supervivencia al sexto  grado. La tasa de supervivencia al sexto grado de la primaria indica el porcentaje de una cohorte de niños matriculados en el primer grado del nivel primario en un año escolar dado, que logra alcanzar el sexto grado.

El propósito de este indicador es medir la eficacia interna de un sistema educativo en términos de su capacidad para asegurar que los entrantes al sistema logren alcanzar un grado académico dado. Si la meta establece que todos los niños deben terminar la primaria, es deseable que la tasa de supervivencia sea cercana al 100 por ciento, indicando un alto nivel de eficacia del sistema educativo[1]/.

La tasa de supervivencia al sexto grado de la primaria indica el porcentaje de una cohorte de niños matriculados en el primer grado del nivel primario en un año escolar dado, que logra alcanzar el sexto grado. El propósito de este indicador es medir la eficacia interna de un sistema educativo en términos de su capacidad para asegurar que los entrantes al sistema logren alcanzar un grado académico dado. Si la meta establece que todos lo niños deben terminar la primaria, es deseable que la tasa de supervivencia sea cercana al 100 por ciento, indicando un alto nivel de eficacia del sistema educativo.

Según cifras de la UNESCO, Nicaragua muestra el valor más bajo de la tasa de sobrevivencia al sexto grado en la región. Esta meta, por lo tanto, una de las mas importantes, parece extremadamente difícil de alcanzar. En todo caso, resulta preocupante el extremadamente bajo grado de eficacia interna del sistema educativo nicaragüense, en términos que aseguren que los niños y niñas que se matriculan en este nivel educativo alcancen el nivel académico esperado.

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Este resultado indica que, de no realizarse un esfuerzo muy considerable no sólo por ampliar el acceso, sino sobre todo la permanencia en el sistema educativo, nuestro país no lograría el objetivo de universalizar la conclusión de la educación primaria. En este sentido, el logro de la meta del milenio de universalizar la culminación de la educación primaria requeriría un significativo esfuerzo de política adicional.

Este considerable esfuerzo adicional es necesario, no solo para superar el enorme rezago comparativo de Nicaragua en materia de permanencia y culminación de la enseñanza primaria, sino porque el progreso se hace cada vez más difícil a medida que se avanza hacia la meta, ya que supone atender a segmentos de la población que presentan rasgos de marginación.

Esta obedece ya sea a su ubicación territorial (en zonas de difícil acceso) y/o a la pertenencia de los niños y niñas a estratos sociales que enfrentan dificultades mucho mayores para progresar en el nivel, lo que se traduce en elevadas tasas de deserción y repetición. Esto exigirá llevar a cabo políticas especiales que promuevan y faciliten a los niños y niñas de estos segmentos no sólo el acceso, sino la permanencia en el sistema educativo.

El hecho de que las tasas de supervivencia al sexto grado sean significativamente más bajas que las tasas de matrícula o acceso a la educación primaria, responde a tasas de repetición relativamente elevadas en los primeros años de la educación primaria, que usualmente se traducen en deserción escolar.

En el caso del tercer indicador de la meta del milenio relativa a la universalización de la educación primaria,  la tasa de completamiento de primaria, Nicaragua también muestra un nivel muy bajo para este indicador, muy inferior al promedio regional y al de los países de Asia del Sur, similar al de los países de menor ingreso del planeta (low income countries) y sólo superior al de Guatemala (dentro de los países de la región de los cuales se tiene información).

Al mismo tiempo, no solo la tasa de completamiento primaria es muy baja, sino que la misma muestra la existencia de grandes desigualdades: así, mientras la tasa de completamiento de primaria es del 90.6% para el Quintil de hogares de mayores ingresos, es solo del 42.9% para el Quintil más pobre de los hogares.

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Resulta especialmente preocupante el hecho de que los indicadores que sirven para dar seguimiento a  la permanencia y culminación en la Educación Primaria, tales como la tasa de sobrevivencia al 5to grado, registran valores inferiores, no sólo a los de países tan pobres como nuestro país, como es el caso de Bolivia, sino también a los registrados por los países más pobres del planeta. Estos resultados  indican que, de no realizarse un esfuerzo muy considerable no sólo por ampliar el acceso, sino sobre todo la permanencia en el sistema educativo, nuestro país no lograría el objetivo de alcanzar la meta de que en el año 2005 todos los niños y las niñas hayan logrado culminar el ciclo completo de la educación primaria.

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Las brechas de cobertura en la Educación Secundaria son considerablemente mayores que en la primaria. En el caso de la Educación Primaria la brecha entre la tasa de matrícula neta de los niños provenientes de los hogares de menores ingresos y los provenientes de los de mayores ingresos es de 16 puntos (79.1% contra 95.1%). En secundaria la brecha entre la tasa neta de matrícula secundaria de los niños provenientes de los hogares de mayores ingresos y los provenientes de los hogares de menores ingresos se ensancha de manera abrupta. En promedio, la brecha entre la tasa neta de escolaridad secundaria neta de los adolescentes pertenecientes al quintil más pobre de los hogares y los pertenecientes al quintil de mayores ingresos se eleva a 58 puntos (17.4% contra 75.7%).

Quedan excluidos de la enseñanza secundaria el 82.6% de los adolescentes y jóvenes de entre 13 y 17 años del Quintil de menores ingresos, el 69.3% del Quintil 2, el 47.7% del Quintil 3, el 35% del Quintil 4 y el 24.3% del quintil 5

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En el caso de la educación preescolar en Nicaragua todavía casi 5 de cada 10 niños en la edad correspondiente no tienen acceso a la educación preescolar. Si atendemos a las brechas de cobertura por Quintiles de hogares clasificados según la distribución del ingreso, encontramos que el 74.6% de niños en edad de asistir a la enseñanza pre-escolar quedan excluidos de este nivel educativo, contra sólo el 43.2% del Quintil de mayores ingresos.

Evidentemente, no es el gasto privado en educación el que podrá hacer frente a estos déficit de cobertura.


Adolfo José Acevedo Vogl