lunes, 27 de agosto de 2012

Cornelio: ¿Cuál Nicaragua queremos?

Nota del Editor: publicado ya en 2007 por La Primerísima y el Nuevo Diario

"No se nace francés, si no se hace francés en la escuela", escribió hace más que medio siglo el escritor conservador francés Andrés Malraux como Ministro de Cultura del Presidente Charles de Gaulle, resumiendo en esta frase casi un siglo de tradición educativa francesa.
En este sentido la Nicaragua, que tenemos hoy y la Nicaragua, que tendrán nuestros hijos y nietos mañana, es y será en gran medida resultado de la escuela nicaragüense.
Pero parece que, igual como Nicaragua no supo aprovecharse de la abundancia en recursos naturales como bosques y agua, mas bien se apresuró en el afán obtener ganancias rápidas en despilfarrarlos hasta destruirlos, en la misma manera Nicaragua está despilfarrando su recurso más valioso, sus jóvenes. Y cómo hoy los recursos naturales ya escasean, dentro de menos que una generación se hará escaso este otro recurso también..
Hay ya la caída dramática de tasa de fecundidad por mujer, de tal forma que la cantidad de jóvenes menor de 15 años y mayor de 3 años, ya no crece, sino se reduce cada año en un 0.18 por ciento como promedio.
Si la tendencia sigue igual, en el próximo censo poblacional del 2015, Nicaragua tendrá una tasa menor que 2.1 hijos en promedio por mujer, es decir entrará al mismo proceso de envejecimiento acelerado y reducción poblacional al mismo tiempo, que se inicio en países como Alemania y Japón hace medio siglo ya, para expandirse rápidamente hasta a países católicos como España o Italia.
Estos países, como otros, se enfrentan a este proceso demográfico mejorando sistemáticamente sus sistemas de educación, para hacer sus economías más productivas, en vista que en un futuro cercano menos personas económicamente activas tendrán que alimentar y mantener de una forma u otra a una creciente población jubilada.
Mientras, en Nicaragua siguen comentarios bizantinos de editorialistas que le echan la culpa de la aparente sobre-población en las aulas a los proletarios con demasiados hijos, como si se viviera aún en el siglo XIX.
En contraste, Costa Rica lanza un programa audaz de expandir la educación secundaria, incluidos los hijos de los emigrantes ilegales nicaragüenses, quienes, así visto, con razón emigran en millares al país vecino.
Nicaragua tendrá una pequeña ventana de oportunidad de quizás unos 10 a 15 años, en la cual la cantidad de hijos dependientes se está reduciendo, la cantidad de personas en la edad a trabajar esta aún creciendo, mientras aún no habrá la avalancha de personas de tercera edad a sostener.
Si se aprovecha esta ventana, capacitando en forma organizada al millón de jóvenes entre 15 y 25 años para subsanar lo que les faltó en educación, y echándolo todo a mejorar la educación pública para que el próximo millón salga mejor, entonces Nicaragua tendrá aún un chancecito de ser en el año 2050 un país donde se podrá vivir.
Si se pierde está oportunidad única, la Nicaragua del 2050 será una país desértico de ancianos miserables, sin la más mínima posibilidad de remediarlo en algún momento.
Es la pregunta de "ser o no ser" como país, lo que está en juego en este quinquenio, no si el Ministro de Castilla tiene malos modales, o si por falta de atención debida durante décadas ha habido escuelas sin condiciones apropiadas, algo remediable a corto plazo si hay una voluntad como nación, poniendo las prioridades apropiadas