lunes, 2 de junio de 2014

El “Domingo de Duelo Nacional” en conmemoración de las muertes por violencia política

1. ¿Por qué un Domingo de Duelo Nacional?

Aunque las estimaciones varían y documentación confiable –aun- no hay, ha habido solo entre los años 1974 –toma de la casa de Chema Castillo- y 1994 –año de disolución de los últimos grupos rearmados- por lo menos 50,000 muertes por violencia con origen político, donde se incluye sin distingue a todos, cuyo vida terminó abruptamente en actos y eventos de insurgencia y contra-insurgencia, revolución, contra- y post-revolución.

Hay entonces al menos 50 mil familias, probablemente muchas más, donde se quedó una familia herida –padre, madre; hermanas, hermanos; esposa, esposo; hijas, hijos; nietos, nietas- detrás.

Para comparar: las muertes de Nicaragua por violencia política entre 1974 a 1994 son en cifras absolutas más muertos que la Guerra de Vietnam les causó a los Estados Unidos o 17 veces la cantidad de muertos del 11 de Septiembre 2001. En cifras relativas, son algo como el 0.8% a más de la población actual (1.2% de la del 1995) de Nicaragua, casi el mismo porcentaje que la 1ª Guerra mundial le causó a Gran Bretaña o más que el doble que la 2ª Guerra mundial les causó a los Estados Unidos o 26x el porcentaje de víctimas del 11 de Septiembre entre los neoyorquinos de hoy.

2. ¿Para qué un Domingo de Duelo Nacional?

Sin embargo mientras otros países afectados por un cataclismo similar les asistieron y les asisten a sus familias en su duelo, en Nicaragua se las dejó a solas con su pérdida, convirtiéndose la misma en un trauma familiar que aún silencioso pasa de generación en generación. Escribe la Dr. Martha Cabrera: “Las sociedades multiduelos corren el peligro de convertirse en sociedades con traumas inter-generacionales. Uno se lleva con los demás como se lleva con uno mismo, eso es ley. Donde hay extensos grupos de población traumatizados, el trauma se traslada a la siguiente generación. Trabajar con el fenómeno multiduelos quiere decir también aceptar que los duelos también son colectivos.” (Véase "Vivimos y sobrevivimos en un país multiduelos",Envío).

Establecer el Domingo de Duelo Nacional podría ser un primer paso, donde por medio de una celebración descentralizada serena con actos sencillos pero significantes según las condiciones en cada lugar, el país entero exprese su empatía y compasión para con las familias traumatizadas sin distingue alguno.

3. ¿Por qué el penúltimo domingo antes del 1º de Adviento?

Por un lado se necesita una fecha lo suficiente distante de otras fechas de connotación patriótica para que éste día sea un día de duelo compartido con las familias afectadas y no un día de exaltaciones patrióticas. Tampoco conviene a unirlo a otras fechas –como el 2. Noviembre Día de los difuntos-, precisamente por la violencia con origen político como causa particular de la muerte, la que como causa colectiva establece una responsabilidad colectiva de no dejar a las familias a solas.

Por el otro lado, en la tradición cristiana del siglo 4, compartida en este particular entre católicos, ortodoxos y protestantes, este penúltimo domingo del año litúrgico está tradicionalmente dedicado a asuntos finales entre ellos a la muerte como fenómeno de impacto en la vida de todos y cada uno, proporcionado así una referencia oportuna me parece tanto para creyentes como para no-creyentes.

Cabe señalar que hay otros países, donde se estableció el mes de Noviembre para conmemorar las victimas de guerras y violencia política. En los países aliados de la 1ª Guerra mundial, se celebra el 11 de Noviembre –Veterans Day en los Estados Unidos- en conmemoración en particular, pero no solo de los muertos de ésta guerra, en Alemania es el mismo penúltimo domingo, Volkstrauertag, antes del 1º de Adviento, dedicado a los muertos de la 1ª y 2ª guerra mundial y por la dictadura entre 1933 y 1945.

4. ¿Qué se pretende con una petición?

Aunque es un tema que la CEN no incluyó en su documento, a mi criterio personal el trauma por las muertes de violencia política es la causa subyacente más poderosa: un trauma nunca tratado de decenas de miles de familias, causado por la violencia con orígenes políticos entre 1974 y 1994, que silenciosamente se pasa de generación en generación.

En Nicaragua ningún gobierno después del 1990 quiso atender las causas de fondo de la parálisis de Nicaragua, ni su alma destrozada, ni su sociedad desorganizada ni su economía desarticulada. Si de todo reconocieron las causas -tengo muy, muy serias dudas-, parece como si esperasen que las mismas se compusieran por alguna dinámica automática milagrosa en y por el tiempo. Sin embargo no hay ni un solo ejemplo -otro país- donde esto así hubiese funcionado.

Quizás algunos piensen que no me corresponda, mientras yo creo que tengo la ventaja de saber por experiencia personal propia que dañino resultan estos traumas, de ejemplo los 2 hermanos de mi abuela paterna caídos a inicios del 1ª Guerra mundial así como el hermano mayor de mi padre, caído 10 días antes que terminara la 2ª Guerra mundial me acompañan desde que tengo memoria de mi infancia.

Antes entonces de dirigirme a supuestos líderes político o guías espirituales, quiero por medio de la petición invitar primero a la reflexión y por segundo a la acción auto-convocada, local, quizás pequeña y solo entre pocas familias para así dar inicio a un proceso de sanación como país sin la cual cualquier otro intento de construirle un futuro se quedará inútil. Posibles actos pueden variar, desde misas y servicios religiosos, reuniones serenas hasta simples encuentros familiares en forma de desayunos, almuerzos o cenas organizados entre familias cercanas por comunidad o vecindad.

Si quiere, puede apoyar a la petición.