domingo, 22 de julio de 2012

Cornelio: El mal nicaragüense: la sociedad autoritaria

Esto es un texto viejo .. que más sin embargo no perdió su actualidad.

Dice Carlos Fernando Chamorro: “Ortega instaura el autoritarismo”. Con todo respeto y admiración por su trabajo valiente, me permito contradecir: la sociedad nicaragüense es una sociedad profundamente autoritaria. Daniel Ortega cuando mucho intenta aprovecharse del autoritarismo idiosincrático, no tiene que instaurarlo. Para la abrumador mayoría de los supuestos opositores también el problema tampoco es el autoritarismo como tal sino quien lo ejerza, pero mientras no se supera el autoritarismo como elemento esencial de la cultura pública, Nicaragua continuará girando en los mismos círculos viciosos con reposición cíclica de autoridades sin avanzar ni un ápice.

El autoritarismo es una parte tan constitutiva del pensar y sentir nicaragüense, que hasta los que se revoltaron con las armas contra la dictadura de los Somoza no podían imaginarse otra forma de gobierno a no ser autoritario. El régimen de los años 80 no era una desviación sino una consecuencia inevitable. Los Lideres Máximos actuales son frutos esenciales de una dinámica social global y predominante, no fallas subsanables cambiando solamente a los actores.

En el ámbito público, no debería haber autoridades sino solamente autoridad limitada por la función.
Maestros y directores escolares, profesores, decanos y rectores universitarios no son autoridades generales sino personas encargadas con ciertas funciones en el proceso educativo, responsables ante educandos, padres de familia y por ende ante el público en lo general por sus actuaciones. La ausencia de una participación efectiva de los educandos y de los padres de familia en la gerencia pedagógica y administrativa de las instituciones educativas más las imposiciones verticales siembran la convicción en los educandos como si el autoritarismo fuera algo inevitable.

El empleador tampoco es amo de sus empleados sino el encargado de dirigir la empresa a tal grado que él no pueda disponer como se lo antoja, sino respondiendo ante empleados, accionarios, deudores, clientes y por ende el público en lo general por sus actuaciones. Sindicatos fuertes y otras organizaciones son aquí elementos claves. Su ausencia en Nicaragua es parte del problema del bajo nivel del desarrollo económico.

Los jueces y magistrados se les deben responsabilidad a los afectados y a los acusados, a los litigantes, en fin a la sociedad en su conjunto como instrumentos de la paz social, antes que una sumisión bajo supuestas autoridades de mayor nivel. La actual confusión entre aplicar la ley y desde arriba dirigir a los funcionarios judiciales es otra parte sintomática: la ley como manifestación del poder arriba desde tiempos de la colonia, no como un instrumento de convivencia colectiva.

Las elecciones no son mecanismos para darles poder alguno a presidentes o alcaldes sino para asignar temporalmente la función de legislar respectivamente dirigir en el marco de la ley los trabajos de una parte del sector público, en base de propuestas a presentarse no solamente antes de la elección sino bajo escrutinio permanente por aquellos, los electores, que temporalmente asignaron dichas funciones. Un partido sin democracia y transparencia interna no califica, tal como ya lo establece ley vigente sin cumplirse. Mucho menos los empleados públicos le deben lealtad a solo un partido, cuando ésta pueda entrar en conflicto con su responsabilidad legal para con la nación entera.

Admito, me he criado en el seno de una sociedad, la alemana, que la hizo pagar a la humanidad un precio tremendo -50 millones de muertos- por no erradicar al autoritarismo a tiempo, sino mas bien desde de los tiempos prusianos la ha adulado durante largos tiempos por tan eficiente y efectivo. Conozco entonces la tentación de apostar al autoritarismo por apostar al desarrollo rápido desde arriba. Pero me sobran ejemplos que desarrollo humano y autoritarismo a la larga siempre resultaron incompatibles. Nicaragua es un ejemplo más, donde el autoritarismo siempre la hizo retroceder en lugar de avanzar. Pero hay que cambiar la dinámica de la sociedad entera, porque sociedades autoritarias producen inevitablemente políticos autoritarios.

Un buen comienzo: ¡exigir que se cumpla,no solamente se acata, la ley!